El proceso de globalización llevó a que la mayoría de los países latinoamericanos y del Caribe adoptaran, en los últimos diez años, políticas económicas similares. La apertura económica, es decir, la liberalización comercial y de los movimientos de capital, se expandió rápidamente entre los países de la región. Se suponía que esto mejoraría la eficiencia de las economías, aumentando la producción, reduciendo la pobreza y disminuyendo las desigualdades.
También la teoría tradicional del comercio internacional predecía esos resultados.