El mundo oriental produjo desde siempre una enorme fascinacíon en los intelectuales y artistas europeos y americanos. Su lejanía y su alteridad inspiraron la creacíon de imaginarios variados que alternaban entre la construccíon negativa fundada en el carácter despótico de sus naciones, distante del racionalismo liberal de raíz eurocentrista, y la admiracíon por su historia y sus culturas milenarias.